La cultura Supremo

En el libro “El país de las emociones tristes”, el académico Mauricio García explica la manera desafortunada en que Colombia ha mantenido vivos sus odios desde la independencia hasta nuestros días. Hasta que los colombianos no aprendamos a cultivar emociones plácidas como la tolerancia y el respeto, dice García Villegas, seguiremos condenados a fracasar en nuestras intenciones de construir un mejor país. 

La misma idea se puede aplicar al individuo. Si uno no se esfuerza en cultivar hábitos que generen emociones plácidas, como la honestidad, el autocuidado, el ejercicio físico, la colaboración desinteresada y la estimulación mental, entonces queda fatalmente resignado a ser esclavo del cuerpo y la pereza. 

Nacemos condicionados por la genética para sentir de determinada manera, y crecemos bajo el influjo de la sociedad y sus prejuicios o injusticias. Aun así, podemos liberarnos de las cadenas mentales y emocionales que arrastramos. Cada individuo y cada sociedad, dice Mauricio García, puede (y debe) esforzase en cultivar las emociones que más contribuyan a lograr sus ideales.  

Todos los que trabajamos en Unión de Arroceros debemos saber que contamos con el respaldo para cultivar esas emociones. La confianza y la fe, el trabajo en equipo y la honestidad son algunas de las emociones más plácidas que podemos experimentar. Recordemos que la finalidad de la empresa es ayudarnos a ser felices. Nuestra presencia aquí no se reduce a la función de darle valor agregado a un bien, o de realizar mecánicamente nuestra labor. Nosotros estamos aquí para proyectarnos hacia delante, como protagonistas de nuestras vidas, apoyados en los acuerdos solidarios del programa Construye Tu Futuro Supremo 

Con esfuerzo y determinación podemos superar los pensamientos negativos que no estén ayudando a alcanzar nuestros ideales. La victimización, el odio y la baja autoestima pueden transformarse en orgullo, compasión y amor propio si nos mantenemos firmes en la voluntad de crecer como personas.  

¡Pásate de lo bueno a lo Supremo