Doctor Álvaro Correa e hijos

Para el año 1979 yo estaba terminando la carrera de Derecho cuando mi madre enferma con derrame cerebral, y que era el motor de ese negocio, se incapacitó.

Resulta que mis hermanas mayores cogieron el manejo del negocio y yo seguía con mi carnicería, y exitoso en la compra y venta de ganado, pero el granero poco a poco fue perdiendo protagonismo en el mercado y al ver eso le dije a mi padre que yo cogía ese negocio en compañía y partíamos utilidades, a lo que él respondió: sí. En 1982 declaró oficialmente que la empresa debía ser mía porque no aguantaba a mis hermanas sacando dinero del negocio sin trabajar, entonces la solución era venderle a mi padre o comprarle su parte, a lo que mi padre respondió que ya no se sentía con fuerzas de manejar ese negocio tan grande y que mejor me lo vendía, hicimos el inventario y realicé la compra, la cual me la fio mi padre con plazo de un año, recuerdo que se lo terminé de pagar antes.

Ahí fui despegando y compré mi primer vehículo, una moto kawasaki-175 que me costó $90.000. Me hizo el préstamo la Caja Agraria y con esa moto me trasportaba tomando pedidos por todos los barrios y pueblos circunvecinos: Padilla, Puerto Tejada, Santander, Caloto, El Palo, Miranda, Florida, Pradera y Candelaria.

Ya con el negocio establecido, el granero, tomé en alquiler tres trapiches y me puse a producir panela. Luego me inventé otro negocio: la harina de trigo americana. Compraba las mulas de harina en bulto y las reempacaba en bolsas de 453 gramos y así quedaba por debajo del precio de otras marcas como Haz de Oros, vendiéndose mejor. Entonces hice ahí un conjunto; la panela y la harina más lo víveres, aceites de toda clase.

En 1985 Arroz Supremo me dio la exclusividad de tener el suroccidente colombiano con el canal tienda a tienda, trabajé mucho y abrí dos bodegas en Cali. Resulta que para esa época hubo un alza tremenda en el arroz, subió de $5.000 a $110.000, aproveché y compré 5 cargamentos en mula y me gané esa alza. 

En búsqueda de más locales compré en Florida, Candelaria, Pradera y San Antonio. Me quedé con los dos que tengo hoy día, porque el de Candelaria no sirvió por las bajas ventas. Florida Galería que es la joya de la corona, luego monté Miranda, pero seguía soñando con algo en grande. Así fue como en el 2005 monté con dos socios El Rendidor en Cali, Aguablanca. Al tiempo les tuve que comprar porque no trabajaban. Fueron años duros, sin utilidades, sosteniendo el punto de equilibrio y aguantando. Surtía Santander de Quilichao desde los años 90´, era una muy buena plaza, cuando un día cualquiera vi un lote en la salida muy grande, pero a nadie le llamaba la atención porque estaba en la periferia, a mí no me parecía lejos y lo compré, hoy día es un gran negocio, muy exitoso. Ya tenía cuatro puntos y así fui llegando hasta tener trece, pero hoy día son once porque en Popayán se generaron muchos inconvenientes para trabajar y tuve que vender dos puntos de venta de allá.

 

Mi mayor innovación, considero, ha sido, es y será, lograr comprometer a un puñado de colaboradores. Porque la empresa no es solo mía, ni para llenarnos los bolsillos solo nosotros, sino que es para el beneficio de muchos. A ellos los escogí para que tuvieran eso en sus cabezas y fueran multiplicadores de esas ideas, la empresa no es solo de Álvaro Correa e hijos, es de todos, la cuidamos y echamos pa´ delante. 

A las personas que desean emprender empresa les puedo decir que la razón principal es tener algo que les guste y quieran, que lo vean como algo que se hace con gusto, no forzados, así se puede convertir hasta en una diversión; querer, amar y luchar por lo que se hace, esa es la mayor oportunidad para salir adelante.


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